viernes, junio 12, 2009

Un que se yo

Estaba limpiando mi casa y me distraje leyendo post antiguos en este blog que había abandonado. Mierda , lo que ha cambiado mi vida desde la última vez que fui a ver a Sabina. En realidad no tanto, sigo con los mismos laburos, los mismos amigos, vivo enfrente de lo de mi madre y tengo la misma PC de siempre. Con mis amigos ya no nos juntamos tanto, me parece que no es porque perdimos el deseo de juntarnos, sino por la malaria. Antes, cualquier día de semana decíamos -¿Dónde vamos a comer hoy?- Y todos nos prendíamos y salíamos sin pensar en el gasto. Más adelante nos empezamos a juntar en casas, y le decíamos a uno que compre todo y después repartíamos el gasto. La última vez que nos juntamos, allá tiempo y hace lejos, el planteo fue distinto -Che vos que tenes en tu alacena?- -Y yo arroz-dijo una. -Ah yo tengo una cebolla- -Y bueno, será sin queso...porque el queso es caro-. Y así fue que nos juntamos como antes, sin ser como antes. Fue una cena de malaria, sin cerveza, ni queso, ni postre, ni nada. El otro día, con la Yor, después de dos años y medio de no pisar la nocturnidad decidimos salir. Quisimos convocar gente pero quien no tenía plata, tenía frío, o gripe, o nada de ganas. Tratamos de ponerle onda, asi que compré una pizza, una cerveza y me fui a la casa de Yor. Nos sentamos las dos a comer en la cocina, solas, a las 22 y me entró un dejo de nostalgia pasada cuando aún siendo dos nos divertíamos. El programa era ir a ver un recital de rock bien power y después salir a tomar algo por ahí. El recital era a las 23 y fuimos ya semi desganadas por el paso del tiempo y los años que hemos acumulado sin darnos cuenta. Nos sentamos, pedimos gaseosa y a las 23.30 empezó el rock power. Al segundo tema era como si Malascapas estuviera ejecutando una dulce canción de cuna. Tenía que hacer un esfuerzo sobrehumano para no cerrar los ojos y desparramarme en la silla. Bostezaba ya sin disimulo y sospechaba que la batería sonaba al palo, aunque para mi era una especie de sonajero o un cascabel suave en el oído. A las 23.40 la miré a Yor. Estaba igual que yo, esperando nada más que yo dijera -Vamos- para huir. Volvimos cabizbajas y meditabundas, recordando las noches en que el rock era rock, que la gaseosa era cerveza, que las 23.40 era temprano y que teníamos toda la noche por delante. Por suerte no tuve mucho tiempo para plantearme que fue de aquel pasado no tan lejano. A las 23.50 ya roncaba...

miércoles, junio 10, 2009

Olor a mamá

Venía por la calle y sentí ganas de contar. Desde que mi tío se accidentó estoy escribiendo un diario con sensaciones que solo yo me permito leer. Pero tenía ganas de contar hoy. Como dije desde que mi tío se accidentó nos ha cambiado bastante la cabeza a todos. Fue un minuto de vida que nos movilizó y, al menos a mi, me hizo ubicar el eje en otras cosas, que no por tan cotidianas resultan insignificantes. Valoro más las cotidianeidades, los olores, la rutina, el día a día. Por ejemplo. Ayer a mi tío lo vistieron por primera vez después de dos meses, para iniciar su rehabilitación. Y eso para él fue un gran avance. Nosotros nos vestimos y desvestimos cada día sin prestarle demasiada atención. Y hasta eso resulta un acto por el que uno debe agradecer estar vivo y tener la posibilidad de hacerlo.
Desde que esto pasó, estoy cuestionandome más profundo como será ser madre algún día. Viene al caso porque desde hace un tiempito mi prima pasó a estar bajo mi responsabilidad y mi cuidado. Es loco, pero en el día me la paso pensando si tendrá leche en la heladera para cuando vuelva del colegio, acordarme que tengo que comprar yogurth, preocupada porque está resfriada o por si el perro tiene comida. Por supuesto me preocupo porque esté bien, porque no extrañe demasiado, porque sus rutinas cotidianas sigan siendo medianamente las mismas. Todo eso me hizo pensar en la maternidad. Es raro sentir que alguien está bajo tu responsabilidad, porque uno deja de pensar en uno para pensar en el otro. Ayer estábamos solas porque Juan se había ido a una cena. Después de comer nos reímos de cosas mundanas y ya cuando me fui a acostar me pidió permiso para subir a la pieza. Se puso a revolver cosas de su mamá, que hace un tiempo está en Buenos Aires cuidando a su papá. Sacó cremas, lociones, revolvió una canastita con peines y cepillos y encontró una cajita de maquillajes. Mientras los abría me dijo -Mirá, sentí. Esto tiene olor a mi mamá ¿me lo puedo llevar?- Confieso que se me estrujó un poco el corazón...

sábado, abril 04, 2009

ENSEÑARAS

Enseñarás a volar
pero no volarán tu vuelo...

Enseñarás a soñar
pero no soñarán tu sueño...

Enseñarás a vivir
pero no vivirán tu vida...

Enseñarás a cantar
pero no cantarán tu canción....

Enseñarás a pensar
pero no pensarán como vos...

Pero sabrás que cada vez que ellos vuelen
sueñen, vivan, canten y piensen
estará la semilla del camino enseñado y aprendido

Madre Teresa de Calcuta

martes, marzo 31, 2009

Momentáneamente suspendido por melancolía

A raíz de una situación familiar, voy a suspender momentáneamente mi blog. No sin antes dejar un mensaje que no encontré por casualidad. En estos días estoy en una etapa de reflexión acerca de la vida. Es verdad que en un minuto te puede cambiar al punto de replantear toda tu existencia. Hay que disfrutar minuto a minuto de las cosas simples: caminar, sentir el perfume de una flor, abrazarse con los seres queridos, sembrar amistad para cosechar amor, proteger a los que uno quiere, sentir, querer y sentirse querido. Dejar a un lado rencores, abrazarse a la vida, decir palabras lindas, no hacer un mundo de cosas superfluas, extraer lo lindo de cada situación, agradecer a Dios por cada segundo de vida.
Ayer no por casualidad encontré una frase que había escrito mi abuela. La hallé en el momento justo que todos la necesitabamos: "Si el camino es muy empinado, descansá si queres, pero nunca te entregues"...Fuerza Ale¡¡¡¡¡ Tu familia está con vos¡¡¡¡

martes, marzo 24, 2009

No a todos los hombres se los conquista por el estómago


Mis preocupaciones ultimamente son mas mundanas y terrenales que profundas y existenciales. Ayer por ejemplo, me di cuenta que no tengo una especialidad. Era el cumpleaños de Juan. -Me podrás decorar una torta?- preguntó a sabiendas que no podía pedir más que la decoración. -Obviamente-le dije yo como que en esa materia la tengo clara. Compró dos tortas de esa de supermercado, trajo dulce de leche, crema y duraznos. Desde el momento que abrí el pote de crema me di cuenta que estaba en problemas y ahí se generaron mis cuestionamientos mundanos. Mis abuelas cocinaban como los dioses, mi mamá con dos pavadas hace una comida brillante. Yo las había estado observando toda mi vida, incluso batir la crema...pero al momento de tener que ejecutar esa acción, no sabía como hacer para espesarla. Intenté comunicarme con mi mamá y no me atendió. Busqué la receta de la crema chantilly en Internet. Unos decían que había que batir con el azúcar, otros que el azúcar había que agregársela después. Me llamó una amiga, le comenté la situación y me advirtió -Tené cuidado cuando batís que no se te haga manteca- Empecé a batir, Juan me miraba. Prendí la tele y me fui a batir al living porque me estaba aburriendo. Juan me seguía mirando. La crema seguía líquida y yo temiendo que se haga manteca. -Querés que la llame a mi mamá y le pregunte como se hace?-me dijo en un momento. Me negué rotundamente. Nadie tenía por qué enterarse que yo no sabía como mierda hacer la crema chantilly. -Por qué carajo no tenemos batidora nosotros-me ofusqué. -Y para que queres batidora si no la usas-me contestó Juan con cierta lógica. -Pero si la tuviera no tendría que estar haciendo esto- dije y seguí batiendo con tenedor y cuchara. El líquido seguía igual, de la manteca ni noticias y mucho menos de cobrar cierto espesor. Juan se cansó de verme, agarró el paquete de azúcar y lo chantó en mi batida. Fui de vuelta a mirar tele, con el bols en una mano y el tenedor en la otra. Habrá pasado media hora cuando me harté. Agarré la torta, la corté al medio, le mandé ese líquido blanco, duraznos, le puse la tapa y le mandé la crema líquida arriba que empezó a caer como catarata atravesando la fuente hasta llegar a la mesa y terminar goteando hasta el suelo. Al deslizarse la crema dejaba baches oscuros en la torta, que decidí cubrir con los duraznos. Al colocarlos arriba a modo de decoración y emparche, la crema líquida cayendo como catarata hacía deslizar suavamente a los duraznos que fueron a parar a un costado de la torta dandole un aspecto, diría, "rústico". Agoté la crema y la paciencia. Con el dedo saqué la crema de los costados de la bandeja y mandé esa masa entre blancuzca con claros oscuros y duraznos deslizantes a que se compactaran en la heladera y dejara de chorrear arriba de mi mesa. -Si algún día tengo un hijo, te puedo asegurar que para el cumpleaños va a haber nada más que chizitos y palitos-lo amenacé a Juan. -Miralo de esta manera-me dijo él como consuelo-al menos tenes la certeza que no me conquistaste por el estómago.-

miércoles, marzo 11, 2009

Liberación¡¡


7a.m. me levanté. Caminé una hora. Volví. Me preparé mate. Prendí la compu. Leí los diarios. Se me cayó el mate en el teclado. Salí a comprar un teclado. Fui a la mercería. Compré tijera y agujas. Volví. Escribí unas páginas del libro de automovilismo. Saqué carne del freezer. Mejoré el mate. Me fui hasta el teatro. Pasé por el canal a dejar una publicidad. Volví. Cociné unos bifes. Lavé los platos. Me tiré una horita a dormir con Juancis. Hablamos de tener un hijo algún día. Me levanté. Fui al curso de costura. Aprendí a hacer un molde. Me fui a la contadora. Volví. Escribí otra página del libro. Me fumé un pucho.Actualicè el blog del teatro. Me fui al periódico a buscar las notas. Volví. Hice las noticias de Internet. Terminé. TUve una reunión de trabajo. Mandé unos mailing. Saqué unas fotos en el super. Fui a anotarme en un curso de fotografía. Volví. Ordené mi ropa. Terminé. Organicé una publicidad. Hice un borrador de lo que no me tengo que olvidar mañana. Llegó Juan. Me dijo que no cocine. Compramos una pizza. Comimos. Lavé los platos. Rasqueteè la olla que le quemé a mi mamá. Releí unos apuntes del libro. Nos acostamos. Pusimos una película. No andaba. Buscamos un programa pedorro en tele. Apagamos la tele. Apoyé la cabeza en la almohada. Y me surgió la pregunta: ¿A qué tipo de liberación se refieren cuando se habla de liberación femenina?. Me dormí

domingo, marzo 08, 2009

Breve explicación de la mujer

Era domingo. Juan miraba un partido de fútbol con Francisco. Yo recurría a mi agenda de teléfono. Llamaba a uno y a otro y a otra amiga/o que me acompañaran por ahí a dar una vuelta. Mi cara denotaba un malhumor insuperable instalado desde primera hora de la mañana. Nadie respondía mis llamados. Me puse a molestar a los televidentes. Juan me retó.
-"No rompas las pelotas y cambiá la cara"-explicitó
-"No la pelees"-defendió Francisco
-"Sabes lo que pasa hijo? Yo te voy a explicar algo que tenes que saber. Las mujeres no son como los hombres. Los hombres somos simples. Podemos estar horas y horas mirando este partido de fútbol y somos los tipos más felices del mundo. Las mujeres no disfrutan de las cosas simples. Todo lo tienen que hacer complejo e involucrar a una multitud en todo lo que hacen. Y si no lo pueden lograr, como ahora, te empiezan a romper las pelotas porque no encuentran otra manera simple de disfrutar de algo".
...Sin argumento para rebatir, me tuve que ir a dar una vuelta acompañada de mi malhumor y sin cambiar la cara..

El dulce de membrillo y la femineidad



En el día de la mujer, comprobé que las cosas que requieren paciencia no son aptas para mi personalidad. "Yo quiero ser multifacética", le dije a Juan mientras ojeaba unas revistas de cocina que tenía mi mamá. "Quiero ser empresaria, escritora, mujer, madre y ama de casa, todo junto", le dije convencida. Después agarré el diario y leí la nota de una periodista alemana que proponía volver al modelo tradicional de mujer, cuyo lugar está en su casa con hijos, perro y marido. Abanderada de las mujeres "chapadas a la antigua", reflexionando sobre la baja natalidad en su país, concluyó que el futuro de los hijos y la sociedad estaba en retornar al modelo tradicional. Sobre todo porque las reivindicaciones de género habían creado hombres inseguros que evitan responsabilidades. La clave estaba, decía, en que la mujer vuelva a su casa y el hombre, a asumir su responsabilidad de proveedor y sostén del hogar. Las mujeres recuperaríamos así nuestra femineidad, según su filosofía. Cuando Juan se fue a pescar para proveer la cena, decidí probar el modelo tradicional y hacer por primera vez un dulce casero de membrillo como los hace mi mamá y los hacía mi abuela. Saque la receta de Internet, junté los membrillos más maduros de la planta, los lavé y corté tal cual indicaban las instrucciones. Los herbí, hice el puré, le agregué azucar, revolví un poco y listo¡¡ Al molde. Cuando mi mamá se levantó de la siesta me anticipó mi primer error: el dulce de membrillo era rojo no amarillo. No se hacía en quince minutos sino en cinco horas y tenía que hervir y hervir y hervir hasta que estuviera rojo. Lo volví a meter en la olla, revolví un poco y me tiré a leer el diario. Volví a revolver otro poco. Ya estaba marrón y yo harta de revolver. "Todavía faltan horas para que esté rojo", me dijo mi madre. En eso me llamó Juan que vaya al arroyo a cebar unos mates, como hacían las mujeres tradicionales. Entre revolver el dulce e ir al arroyo, preferí la segunda opción. Puse la hornalla al mango y me fui dejando el dulce y la femineidad a cargo de mi madre. La nota no aclaraba sobre la paciencia que requería un dulce casero, esencia de cualquier mujer que se precie de tradicional . Volví un par de horas después solo para descubrir porque las mujeres modernas simplificamos las actividades cotidianas y recurrimos a cualquier almacén de barrio a comprar dulce de membrillo hecho. Evidentemente la periodista alemana sabía que los dulces caseros se cocinan a fuego lento o en su defecto, nunca probó esa arista de la femineidad tradicional. Aunque cree un hombre inseguro, prefiero seguir siendo una mujer moderna. Ser femenina al estilo alemán implica demasiada paciencia. Asumir que cualquier nueva experiencia en la cocina puede fallar. Y estar dispuesta a rasquetear la olla...